LA ADOLESCENCIA

por Elmer N. Dunlap Rouse

Cuando los hijos llegan a la adolescencia, pasan por la etapa más difícil y más peligrosa de su vida. Los padres sufen también. Se asustan al perder el control de sus hijos. Ya no aceptan lo que sus padres les dicen, sino que empiezan discusiones, desde que se levantan de la cama hasta que se acuestan por la noche. Se vuelvan especialistas en irritar a sus padres por su forma de vestir, por su hábitos de comer, por su selección de amistades y por su lucha por más y más libertad. Los padres pasan por etapas también tratando de bregar con la situación y mantener el control. Primero se ponen duros. Cuando no funciona se ponen muy gentiles. Cuando no funciona tratan de razonar. Cuando la razón no funciona, ridiculizan. Cuando esto tampoco funciona, regresan a la amenaza y los castigos.

Es cuando el hijo pasa de una vida organizada a la desorganización de la adolescencia para después reorganizar su vida de acuerdo con una nueva identidad, la de adulto. Es un tiempo de tensión para sus padres porque su hijo exige que le traten como adulto pero sigue comportándose como niño. Es como el pichón que sale por primera vez del nido para brincar de gancho en gancho, llegando más y más al momento de lanzarse al espacio y asumir la responsabilidad de su vida y sus propias decisiones. Es una etapa difícil pero necesaria.

Tiene poco tiempo para su enorme tarea - la de formar su propia personalidad y vida. No es que le gusta desafiar a sus padres sino que necesita ir adquiriendo su propia experiencia para formar su propia identidad y autonomía. Entre más resisten los padres su progreso a ser adulto, peor es.

Como el adolescente rechaza la ayuda y los consejos que necesita, los padres tienen que ayudarlo pero de forma sutil. Pueden ayudarlo (1) aceptando su inquietud y resistencia. Tiene mil preguntas y cuestiona todo. Su comportamiento será ilógico y fluctuante. En vez de repugnarlo, acéptalo como normal. No trata de comprenderlo, porque ni él se entiende. Sólo toléralo. No lo obligues a aceptar tus explicaciones, porque su mente ya no le permite confiar a ciegas. No tienes que aprobar lo que hace, sino sólo aceptarlo. Digale, "Tú sabes lo que haces" y dejarlo así. Llevarle la contraria lo aleja de tí.

(2) Puedes ayudarlo perdonándolo. No hagas caso a sus expresiones exageradas. Son incidentes insignificantes. Ayúdale con su crisis presente.

(3) El adolescente es muy sensitivo. Ignora sus imperfecciones. En la escuela hay quienes le recuerdan cada día que es alto o bajito o gordo o flaco, feo y bruto, pero los insultos de los padres hacen daño permanente. Trátalo como adulto - no como niño.

(4) El adolescente necesita mucha independencia. No le compres ropa, sino dale el dinero para que haga su propia compra. Entre más independientes, menos hostiles. Cuando tienen un problema, no ofrezcas la solución, sino alternativas para que el adolescente escoja. Dale la oportunidad de equivocarse y aprender por sí mismo. "Si tú crees que te conviene, hazlo".

(5) El adolescente necesita estar solo para formar su propia vida. Hay que tocar la puerta y pedir permiso para entrar en su cuarto. Nunca se debe rebuscar sus cosas. No le preguntes qué hizo. No le investigues. Dale distancia para que pueda llegar a ser adulto.

(6) El adolescente necesita consejos cortos. No acepta discursos ni sermones. Hay que leer entre líneas y saber la diferencia entre hablar y comunicar. Es mejor ofrecer observaciones que consejos. En vez de prohibirle usar "x" palabra, se dice, "Esa palabra es muy fuerte". En vez de prohibirle blusas con el escote muy bajo, se dice, "Veo que te gusta el escote muy bajo". Así se le llama la atención sin violar su autonomía.

Este artículo no es una justificación de la rebeldía; pues hay hijos más espirituales que otros y hay padres más sabios (¡o con más suerte!) que otros. Intentamos ofrecerles una psicología a aquellos padres apurados que les permita ayudar a su adolescente, mantener abierta la comunicación y la amistad, y para que su hijo pueda contar con ellos en vez de sentirse rechazado e incomunicado en el transcurso de los años más difíciles y peligrosos de su vida.

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