AGUJEROS EN

VASIJAS DE ORO

por Andrea Piruet

Durante una pequeña visita a su isla, tuve el placer de conocer a varios hermanos y dialogar sobre algunos temas relacionados con la Biblia y nuestra forma de vivir agradando a Dios. Noté una preocupación en especial sobre el tema del matrimonio, el divorcio y la falta de entendimiento que existe sobre este. Quisiera aprovechar esta presente communicación para compartir con ustedes un poquito de lo que el Señor me ha dicho sobre este tema en las Escrituras.

Primero, antes de poder estudiar sobre este tema, es necesario preguntarnos en nuestros corazones si queremos realmente agradar a Dios. Si pensamos que esto es así, entonces podemos comenzar a estudiar este tema. Recuerda que es imposible tapar el cielo con la mano. La Biblia es la Palabra de Dios. Además, para agradar a Dios y ser salvo debemos obedecerlo a él ante todo.

Teniendo este punto en mente, le contaré lo que Dios hizo por mi y con mi matrimonio. En el 1970, a la de edad de quince años me casé con Pablo, un muchacho alegre y juguetón. Todo era hermoso y nos amábamos mucho. Los primeros cinco años fueron de pura pobreza, lo que nos hizo perder el amor que nos teníamos. Al ver que todo andaba mal, nos divorciamos. El y yo decidimos estudiar, nos separamos y él se fue para otro pueblo. Varios años después nos encontramos en un baile. Hablamos toda la noche y al día siguiente decidimos casarnos. Varios meses después mi esposo comenzó a frecuentar a una mujer. Yo, como mujer, no soporté esto y le pedí el divorcio. Mis amigas me decían que era lo mejor. Todo era fácil y me sentía muy bien, pues ya el amor se había terminado.

Mas tarde viajé a Bolivia para trabajar como trabajadora social. Un día mientras caminaba, escuché a un predicador boliviano que estaba predicando a un lado de la carretera para un grupo de personas. Ellos se hacían llamar la iglesia de Cristo. Hablando en su tema sobre el matrimonio y el divorcio, me entró una duda. Al terminar el servicio me acerqué al predicador y le hice una pregunta sobre el divorcio. Este me contestó: "Si queremos agradar a Dios, es entonces posible obedecer la Palabra de Dios ". Pasaron largas horas antes de que me convenciera en ir a la iglesia. Más tarde invité a mi casa al predicador para que me enseñase más sobre la Biblia y en especial sobre el divorcio ya que entendí que a Dios no le agrada el divorcio en la iglesia. Sin embargo, él primeramente me enseñó sobre el perdón y cómo él Señor dio su vida por nosotros. Esa misma noche pedí que me bautizaran y al mes, regresé a México. Busqué una iglesia de Cristo para reunirme y cuando entré el domingo al servicio, encontré que uno de los miembros de esa iglesia era mi ex esposo, Pablo. Al principio se me hizo difícil compartir con él porque todavía le tenía rencor. Un día se me acercó mientras estábamos reunidos para estudiar en grupo y me pidió perdón por lo mal que se había comportado conmigo. Le contesté: "te perdono pero no esperes que lo nuestro puede ser otra vez. No te quiero". Pasaron unos meses y yo notaba un cambio tremendo en él. Era activo en la iglesia, no faltaba y siempre buscaba dar buenos consejos. Me daba cuenta de que Dios estaba con él.

Un día, le pregunté al ministro de la iglesia sobre nuestro caso y él me preguntó si yo quería agradar al Señor? Dijo: "El Señor dice en sus Escrituras que debemos como buenos cristianos saber perdonar. Tu problema fue que edificasteis tu casa en arena. Si la hubieras edificado en la piedra nunca hubiera caído. En contestación de tu pregunta, el Señor habló en sus Escrituras de la pureza de su iglesia y que él quiere que el hombre cristiano sea como al principio donde mandó Dios un hombre para una sola mujer (Mateo 19.4)". "Si, pero yo no lo amo", le contesté y él me respondió: "'Por la maldad del mundo el amor se enfriará' dice el Señor (Mateo 24.12), pero con el amor puro en Cristo todo se puede renovar si tú quisieras. Esa es la confianza que Dios tiene con los que le siguen. Debemos aprender a soportarnos unos a otros en amor (Efesios 4.2). El tema del divorcio no es un tabú para que algunos tengan ideas erróneas y engañosas. Según 2 Corintios 2:3 Dios quiere que preservemos ante todo la unidad familiar y no escuchemos al mundo que está en perdición.

"El matrimonio es algo sagrado. Es como un espejo que refleja tu vida, la vida de tu familia, la vida de tus hijos y principalmente la de la iglesia. El que acepta el divorcio en un matrimonio también acepta la división en la iglesia. Cristo no quiere que su pueblo se divida sino que siempre ande unido.

"El amor es como una vasija de oro con un pequeño agujero en el fondo (el agujero figura los problemas del amor). No te ahogues en un vaso de agua sino que deja que Dios entre en tu vida, tape el agujero para que tu vasija siempre esté llena de amor. 'No eches las perlas a los cerdos' dice el Señor en el sentido de darle oportunidad a Satanás de destruir lo mejor en nuestras vidas. Recuerda que 'lo que Dios juntó, que no lo separe el hombre'" .

Esto me puso a pensar. Me senté con Pablo y el ministro y, sin pensarlo mucho, nos volvimos a casar por tercera vez. El amor llegó como lo dice las Escrituras y aún más grande que antes. En muy poco tiempo tuvimos dos hijos y hemos sido muy felices en el matrimonio. Sólo deseo que tú, hermano o hermana, si tienes este problema, que lo medites con alguien que conozca bien las Escrituras y la voluntad que quiere Dios para con el hombre.