AMOR DE HERMANO

por Min Isern

Perder a un hermano en la carne es algo que nos causa mucha tristeza, un dolor muy profundo que no podemos describir y nos llena de consuelo todo lo que por amor pudimos hacer por él mientras estaba con nosotros. A nuestro hermano en la carne que necesita, no debemos faltarle aunque nos sintamos agotados, como si las fuerzas se nos estuvieran acabando, no importa lo atribulado que en ocasiones nos sintamos.

Tampoco debemos faltarle a nuestros hermanos en la fe cuando nos necesitan. Muchas veces fallamos cuando más nos necesitan y no acudimos en su ayuda. No es suficiente el "Dios te bendiga" en el día del culto o reunión de la iglesia. Es necesario visitarlos cuando están enfermos. Es necesario el diálogo cuando les llegan situaciones que les quitan la paz y la alegría de vivir. Es necesario llamarlos por teléfono e interesarse en su bienestar, en cómo le podamos ayudar. Cuando hay en la iglesia un hermano o hermana muy enferma y le visitamos y le ayudamos como si fuera nuestro hermano carnal, al llegar el momento de su partida, nos será de consuelo todo el bien que por amor le hicimos.

Así mismo debemos dedicar tiempo a los hermanos, que aunque no están enfermos, sufren problemas familiares, personales o alguna otra situación que les quite la paz. ¡Qué bueno es la compañía de alguien que nos escucha y nos recuerda la palabra de Dios para animarnos y darnos esperanza con palabras tales como, "Todo lo puede en Cristo que me fortalece" (Fil. 4:13)! Los hermanos necesitan alguien que les diga que pase lo que pase, no pueden derrumbarse porque el Padre Celestial, Jesús, el hermano mayor, y el Espíritu de toda consolación están con ellos por toda la eternidad. Hermanos, hagamos esto antes que llegue la triste pérdida física de un querido hermano en la carne y hagámoslo también, ahora mismo, con nuestros hermanos en la fe.

Si la muerte física de un hermano es triste, ¿cuánto más triste es la muerte espiritual? Si estuviera en nuestras manos mejorarle la salud física y prolongarle la vida física de un ser querido, ¿qué no haríamos para lograrlo? Entonces, ¿qué no vamos a hacer por nuestros hermanos enfermos de espíritu para que no mueran eternamente? ¿Qué vamos a hacer para devolverles la vida que Cristo les dio en la cruz del Calvario? ¿Te imaginas la alegría si regresara? ¿Te imaginas la alegría que habría en los cielos?

Vamos a pedir fuerzas de Dios para ir en nombre de Dios. Vamos con amor y paciencia. Aunque nos presente excusas, vamos a hacer todo lo posible para que sepa que Dios le ama y que nosotros también le amamos. Vamos para invitarle a volver a la salvación y a la obediencia que Dios requiere. Vayamos al rescate de los hermanos. Vayamos con Cristo para darles vida en abundancia.

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