EL ASOMBROSO PODER

por Miguel A. Teruel

Nos movemos en la esfera de conflictos de gigantescos y multiformes poderes que lógicamente debieran favorecer a los más fuertes. Observamos luchas entre individuos y entre naciones, entre el orden público y el crimen, entre el bien y el mal, y entre la vida y la muerte. En estos conflictos el cristiano cuenta con el auxilio de Dios, el Creador, Omnipotente y Sustentador del Universo. El asombroso poder de Dios está disponible por medio de Su Palabra.

I. Poder Creador y Destructor. "Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca" (Sal. 33:6,9; 148:5). "Por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua" (2 Ped. 3:5-6). "Pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos (2 Ped. 3:7).

II. Poder Renacedor. "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre" (1 Ped. 1:23). "Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo no puede ver el reino de Dios" (Jn. 3:3). "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es (una nueva creación); las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Cor. 5:17).

III. Poder Iluminador. El primer mandato creador registrado en la Biblia es el siguiente: "Y dijo Dios: Sea la luz y fue la luz" (Gén. 1:3). De la misma manera, la palabra de Dios nos ilumina: "Porque Dios que dijo: Resplandezca la luz de en medio de las tinieblas, es él que ha resplandecido en nuestros corazones, para darnos la luz del conocimiento de la gloria de Dios, en el rostro de Jesucristo" (2 Cor. 4:6, VM).

IV. Poder Sanador. "Y estaban todos maravillados, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es esta que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos y salen?" (Luc. 4:36). El centurión mostró su fe: "Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará" (Mat. 8:8).

V. Poder Morador. Cristo enseñó que la palabra de Dios, similar a una semilla, germina y lleva fruto cuando mora en buenos corazones (Luc. 8:11,15). Además, debe morar en abundancia (Col. 3:16). Cristo acusó a los judíos incrédulos de carecer de esta morada, "Ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quién El envió, vosotros no creéis" (Jn. 5:38). La palabra actúa en los creyentes (1 Tes. 2:13) y les imparte la naturaleza divina mediante preciosas y grandísimas promesas (2 Ped. 1:4). Cuando abrigamos a la palabra, nos limpia y nos guarda de pecar contra Dios (Sal. 119:9,11).