El Contendor
Publicaci—n dedicada a abogar por
la ense–anza revelada en las Santas Escrituras – Judas 3
Instrumento al servicio de la
hermandad para dialogar varonilmente sobre asuntos b’blicos
Noviembre 2006
Nœmero 23
RESPONSABILIDADES DE UN EDITOR (2)
El siervo de Dios que la hace como
editor de un peri—dico, revista u otra publicaci—n en la que se permiten
escritos que expresan diferentes puntos de vista sobre cualquier tema, para no
enga–ar a nadie, tiene la obligaci—n delante de Dios y de sus lectores de poner
en claro su posici—n sobre cualquier asunto. Es importante hacer esto porque
callar ante el error y la injusticia es violar el sagrado deber de aquel o
aquella que profesa lealtad a la verdad de Dios.
Aun los hijos del mundo entienden bien
esto, porque consideran que su misi—n como editores y periodistas es sagrada. Por
eso en sus publicaciones levantan la voz contra lo que consideran error e
injusticia, aun cuando, como vemos en las noticias mundiales, muchos de ellos pierden
sus puestos y aun sus vidas por levantar la voz contra la corrupci—n, las
dictaduras, los elementos criminales y las injusticias de las autoridades
mismas. Fieles a su misi—n como
atalayas de su comunidad, tienen el valor de expresar pœblicamente sus
convicciones porque su conciencia no los deja en paz si no lo hacen. Obran as’ porque se consideran
responsables a los habitantes de su naci—n, ciudad, comunidad y a su integridad
personal.
Es un hecho comprobado por la
historia que los editores, periodistas y escritores poseen un arma poderosa. Se
ha dicho que la pluma del escribano es m‡s poderosa que la espada. Los escritos de mujeres y hombres
valientes han ayudado a pueblos a salir de la ignorancia, conocer la causa de
justicia y abrazar los ideales de los que se interesan en su bienestar.
La puesta de sus 95 Tesis en la
puerta del edificio de la Iglesia Cat—lica de Wittenberg, Alemania, el 31 de
octubre del 1517, en las que Mart’n Lutero hizo clara su posici—n contra el
error y la corrupci—n del clero romano, aunque result— en persecuci—n a su
persona, fue la chispa que comenz— el movimiento protestante contra el
catolicismo. Las teor’as que publicara el francŽs Jean J. Rousseau influyeron
poderosamente en la Revoluci—n Francesa, fueron precursores del romanticismo y
tambiŽn ayudaron a los primeros colonos de este continente a forjar algunos de
los ideales de la Repœblica. Y a esta lista se pueden agregar muchos otros
ejemplos que confirman que la pluma del escribano es poderosa para cambiar e
influir en los pensamientos de la humanidad.
Si los hijos del mundo tienen el
valor de expresar sus convicciones sobre cualquier tema, Àc—mo es que se
considera sabio el hijo o la hija de Dios
que como editor no pone en claro d—nde se para por no ofender a nadie? ÀDe d—nde emana la Òsabidur’aÓ que
afirma que el editor cristiano no debe escribir nada que pueda ofender a
otros escritores, predicadores, obispos y hermanos en Cristo? Esta filosof’a no es de Dios ni de
ninguno de sus fieles escritores, profetas, ap—stoles y ministros.
Ante todas las cosas, los siervos de
Dios, como editores y no editores, tenemos la solemne obligaci—n de ser fieles
a nuestra misi—n, honestos y sinceros con nosotros mismos, fieles a nuestro
ministerio, a la sana doctrina, a la hermandad, y todas las almas del mundo
(Tito 2:1, 1 Timoteo 4:6; 6:13-14). Para lograr todo esto, lo importante es
buscar agradar primeramente a Dios, no a los hombres (G‡latas 1:10), velar por
nosotros mismos y por la doctrina, porque haciendo esto nos salvaremos nosotros
mis-mos y ayudaremos a salvar a los que nos oyen (1 Timoteo 4:16). El escritor
sincero, honesto, valiente que ama las almas denuncia todo error. Pone en claro su posici—n sobre el
aborto, la homosexualidad, matrimonios il’citos, innovaciones en la iglesia,
desviaciones de la sana doctrina y m‡s.
Quien prefiere no oponerse al error
y a la injusticia porque quiere estar bien con todo el mundo, por amor a la
popularidad, es siervo falso a quien Dios tendr‡ por responsable de haber fallado
en anunciar todo Su consejo (Hechos 20:27). Tal siervo
recibir‡ mayor condenaci—n (Santiago 3:1) por no haber predicado a tiempo y
fuera de tiempo (2 Timoteo 4:1-2), por haber tenido esp’ritu de cobard’a (2
Timoteo 1:7), por no haber tenido un amor sincero para con sus hermanos que se
han extraviado de la sana doctrina (Santiago 5:19-20). El siervo de Dios que por timidez y el amor a la popularidad no
corrige a su hermano errado, tiene un coraz—n fr’o, malo, cruel y es traidor a
su ministerio.
--
Continuar‡
ÀESPIRITUALES O CARNALES? (2)
(2 Timoteo 2:20, 1 Corintios 3:1)
El espiritual estudia las Escrituras
diligentemente (1 Timoteo 4:13, 2 Timoteo 2:15).
El carnal es perezoso, no se aplica
al estudio.
El espiritual se esfuerza por
alcanzar la madurez (Efesios 4:11-16,
Hebreos 5:14).
El carnal siempre est‡ aprendiendo y
nunca alcanza a comprender a veces ni los primeros rudimentos (1 Timoteo 1:7, 2
Timoteo 3:7, Hebreos 5:11-13).
El espiritual, con mansedumbre y
humildad, busca sinceramente ayudar a la hermana o al hermano descarriado
(G‡latas 6:1, Santiago 5:19-20).
El carnal dice, ÒNo me siento
obligado a ayudarlo, porque si fue inteligente para caer en tal hoyo, debe ser
tambiŽn suficientemente inteligente para salir de tal situaci—n por su propia
cuentaÓ.
El espiritual recibe el buen consejo
con mansedumbre y humildad, y corrige su error, como Pedro y Apolos, (G‡latas
2:11-14, Hechos 18:26).
El carnal se disgusta con la hermana
o el hermano que lo corrige y jam‡s quiere tener nada que ver con la persona
que quiere ayudarlo.
El espiritual busca primeramente el
reino de los cielos (Mateo 6:33).
La persona que obra segœn la carne,
busca primeramente lo material y el reino de Dios cuando le sobra tiempo.
El predicador espiritual busca
primeramente el bienestar de la iglesia (2 Corintios 11:25-29). El predicador
carnal busca primero su bienestar material. Quiere saber cu‡nto se le va a pagar y cu‡les otros
beneficios se le ofrecen, antes de aceptar trabajar con alguna iglesia. Ver Filipenses
4:11-12.
El siervo de Dios espiritual habla
conforme a la sana doctrina (Tito 2:1).
Predica todo el consejo de Dios (Hechos 20:28). El predicador carnal
ense–a y condena solamente las cosas que no ponen en peligro su puesto y su
salario.
El siervo espiritual corrige y
reprende, cuando es necesario, a cualquier hermana o hermano.
El predicador carnal cierra los ojos
al error e injusticias de hermanas y hermanos que son de su propia familia o de
su c’rculo predilecto.
El espiritual tiene como meta
agradar a Dios. El carnal busca agradar a los hombres (G‡latas 1:10).El siervo
espiritual es compasivo, misericordioso y comprensivo. El carnal, como Di—trefes,
es fr’o, injusto, cruel y tirano (3 Juan).
Atento hermano, atenta hermana: ÀQuŽ
m‡s puede agregar usted?
Nota: Favor de enviar este
bolet’n a todos los hermanos que est‡n en su lista. Gracias.
__________________________________________________________________________________Favor de enviar
todo comentario o asunto de interŽs a Salvador Maga–a, 2521 Chuckster Dr.,
Corpus Christi, TX 78414, o a Salmag50@Yahoo.com.
Gracias.