HECHOS

por Elmer N. Dunlap Rouse

En un crucero, el Sr. Sinclair Lewis obserbaba a una mujer mientras leía un libro, por cierto un libro con unos capítulos muy vulgares. Se le quedó mirando sin que ella se diera cuenta para saber qué iba a hacer cuando llegara a la parte difícil. De momento, ella se levantó, fue a la barranda y tiró el libro al mar. Por su acto, el Sr. Lewis pudo deducir que la dama era noble.

Oye, si tú fueras vigilado por alguien que tú desconoces, ¿dirá esta persona que tú eres cristiano? ¿Será clara la evidencia o contradictoria? Quiero saber si tus actos son consistentes con la fe que profesas.

Hebreos 11 expone la fe en acción. La expresión repetida del capítulo es "por la fe" seguida inmediatamente con actos. Los actos prueban la fe del individuo. Nadie puede acusarlos de no creer en Dios. Amigo lector, ¿qué evidencia hay de que tú crees en Dios? Favor de mostrarme tu evidencia, ya que el sólo afirmarlo no me convence.

Ilustramos esto con la respuesta de David a su hermano Eliab cuando éste le acusaba de haber venido sólo para mirar la batalla. Sucede que el gigante Goliat se pasaba todos los días injuriando a Dios y a su pueblo, y a David le soprendió que ninguno fuera a hacerle frente. Cuando David preguntó al respecto, Eliab dijo para callarlo "¿Para qué has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto?" David contestó, "¿No es esto mero hablar?" (1 Sam. 17:29). Al poco tiempo el joven David había dado muerte al temible gigante. ¿Cómo es la iglesia tuya? ¿Mucho "bla, bla, bla" y después no hacen nada?

El tema de la acción le llamaba mucho la atención a Santiago. Habla de los hacedores y los que no son hacedores, cuyas personas son, según Santiago, hermanos engañados (Sant. 1:22). Se hacen pasar por cristianos cuando no lo son. Dios no ayuda a los hermanos de la fe sola (Sant. 1:25). Siempre se les oye lamentándose que todo les sale al revés. ¡Claro! Dios los está castigando. Son inútiles (Sant. 2:14). Santiago los reta, "Muéstrame tu fe" (Sant. 2:18). No me hables de lo mucho que amas a Dios. ¡Muéstramelo! No me digas que amas a tus hermanos. ¡Muéstramelo!

La acción es importante para Cristo. En cada una de sus siete cartas a las iglesias de Asia, Cristo dice, "Yo conozco tus obras" (Apoc. 2:2, 9, 13, 19; 3:1, 8, 15). A una iglesia le dice "muerta" y a otra "vómito". Así se siente Dios cuando observa al cristiano inactivo. Se enferma al ver tantas almas rumbo al infierno mientras que éste no hace nada. Le enferma recordar su gran sacrificio y amor a cambio de la nada de éste.

Si me dices: "Yo no puedo hacer nada porque soy muy joven", te cito David que mató a Goliat, no le importó que Saúl le hubiese despreciado con "No podrás ... porque tú eres muchacho" (1 Sam. 17:33). Pudo. Los jóvenes no tienen excusa, sino la responsabilidad de ser ejemplo a los demás hermanos en «palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza» (1 Tim. 4:12). Si me dices: "No puedo porque soy muy viejo", te señalo a Moisés, a quién Dios escogió para una gran obra, aún a los 80 años. No me vengas con excusas. Si tu cuerpo está vivo, tienes que presentarlo en sacrificio vivo a Dios en calidad de servicio, o sea, acción (Rom. 12:1). No me hables de Biblia. Quiero verte vivirla. No me digas, "Dios te bendiga". Quiero verte en la iglesia el domingo.