LA OFRENDA

por Elmer N. Dunlap Rouse

Lección 9

LAS INSTRUCCIONES ESPECIFICAS

Cristo nos ha dado un patrón para financiar la obra de su iglesia. Como todo patrón, se debe poner por obra por cada cristiano como una obligación individual. Cristo no quiere los diezmos de la ley ni una iglesia pidiendo por las calles, ni la venta de mercancías, sino que cada hermano trabaje y ofrende.

I. ES UNA OBRA DE GRACIA

A. Pablo usó de un poco de ironía con los Corintios, una iglesia orgullosa de sus dones y habilidades, parafraseando dijo: "Como ustedes son tan superiores a toda otra iglesia en tantos dones y en su amor por nosotros (un chiste), recomiendo que sean superiores también en la gracia de dar" (2 Cor. 8:7. Se ha comentado que los hermanos "bocones" de la iglesia son los que menos ofrendan. Quieren enseñar a los líderes de la iglesia cómo y por dónde gastar los fondos, pero ellos contribuyen una miseria (no tienen gracia).

B. Gracia es el griego "charis" y podemos traducirlo como cariño. Ofrendar es un acto de cariño. Cristo murió por los pecadores porque es muy cariñoso, generoso, amable, bondadoso y favorable a los menos dignos. Somos salvos, no por nuestras obras o virtudes sino por el cariño de Jesús. Por lo tanto, es necesario demostrar cariño, especialmente en la ofrenda. Los que no ofrendan con cariño son unos feos.

II. LAS INSTRUCCIONES DE COMO OFRENDAR

A. La ofrenda es personal. "Cada uno de vosotros ponga aparte algo" (1 Cor. 16:2). Nadie está excusado, no importa lo pobre que sea. Como nadie puede bautizarse por otro ni comer la Cena del Señor por otro, nadie puede ofrendar por otro. Un padre no puede ofrendar por su familia. Cada hijo, desde temprana edad, necesita aprender a devolver a Dios una porción. Todos debemos dar porque todos hemos recibido.

B. Hace falta disciplina. Si separamos la ofrenda para el Señor primero, es más fácil vivir de lo que queda. Si pagamos a todos primero y dejamos al Señor para último, nuestra ofrenda será una sobra.

C. Cada cristiano ofrenda porque cada cristiano está mandado a trabajar y de manera honrada proveer para su propia necesidad (Ef. 4:28; 1 Tes. 4:11-12). La iglesia está en el deber de avergonzar a sus miembros vagos (2 Tes. 3:10-13).

D. Es deber de miembro. Cuando hay visitas, se debe de explicar que, si desean, pueden participar en la ofrenda, pero no es obligatorio porque es deber de miembro.

E. La cantidad es según haya prosperado, según el corazón, la fe y el amor del dador. Calculamos tanto nuestra prosperidad económica como nuestra prosperidad espiritual. Por lo tanto, las ofrendas son distintas en cantidad, según la habilidad de cada hermano. Jesús dijo de la mujer que derramó un perfume muy caro sobre su cabeza, quien algunos criticaron, "Esta ha hecho lo que podía" (Mar. 14:8). La cantidad depende de nuestra prosperidad y de nuestro amor. Nuestra prosperidad es de Dios, quien nos da para que podamos dar. Si no damos según hayamos prosperado, somos ladrones de aquello que no dimos y defraudamos a Dios. No somos dueños de nuestro dinero sino administradores, ya que todo pertenece a Dios. Si no damos, temiendo una posible adversidad futura, somos incrédulos. Si los judíos tenían que dar el 10% de sus ingresos (salía más como 13%), sin duda alguna, Dios espera más de nosotros. La iglesia no puede autorizar a unos diáconos para que investiguen los ingresos, gastos y compromisos de cada miembro para fijar sus contribuciones a la iglesia. La ofrenda tiene que ser voluntaria. Si es obligado, no vale.

F. Los de Macedonia ofrendaron "más allá de sus fuerzas" (2 Cor. 8:3). Nuestra ofrenda es similar al maná del Antiguo Testamento, entre más ofrendamos, más Dios nos da (2 Cor. 8:15; Exo. 16:18). Henry Parsons Crowell, fundador de la empresa cereales Quaker Oats, cuando le preguntaron cuánto ofrendaba, afirmó que Dios le había ayudado para dar el 60% por más de 40 años.

G. Es una ofrenda generosa. Si un hermano o hermana ha sido prosperado y es miserable en su ofrenda, al llegar esto a la atención de los líderes de la iglesia, éstos están en la obligación de explicar al miembro en cuestión su deber de ser generoso (2 Cor. 9:6) en cuanto al sostenimiento de la obra del Señor. Es importante, porque el miembro que no ofrenda no crece, ni imita a Cristo. Los cristianos plomados con dinero no suben al cielo. Es lamentable que hay tantos hermanos tacaños con su ofrenda, echando a unos pocos hermanos la carga del sostenimiento de la iglesia. Su regla es: "entre más tengo, más quiero y, por lo tanto, menos ofrendo". La libertad que gozamos en la iglesia del Señor no debe ser excusa para abusar, recostándonos del sacrificio de otro.

H. La ofrenda es sistemática: cada primer día de la semana. Vemos la sabiduría de Dios. Uno trae su ofrenda a la iglesia para darla junto con su adoración. Cada domingo uno puede observar el beneficio de su inversión. Es un plan sistemático.

I. Debemos ofrendar de manera alegre, libre y humilde. Es abominable hacer la cosas para ser vistos por los hombres (Mat. 6:1; 23:5). Muchas iglesias están pasando por serios problemas económicos porque sus miembros no sienten alegría en ofrendar.

J. Es señal de firmeza, constancia y crecimiento en la obra del Señor. Observe el versículo 58 de capítulo 15 de 1 Corintios, que es el versículo anterior a la mención de la ofrenda. Nuestra aportación a la obra del Señor nunca es en vano.

K. El ejemplo que usted da a los demás hermanos vale más que la comodidad suya. A algunos les gusta dar mensual o una vez al año porque impresionan más a los hermanos cuando echan $100 o $300 a la ofrenda. Estos no impresionan al Señor con su mal ejemplo. Si uno es prosperado cada quince días o cada mes, debe dividir su porción para el Señor en cuatro porciones semanales para poder contribuir cada domingo.

L. La iglesia no debe ser egoísta. Las iglesias de Macedonia pidieron el privilegio de participar en "la ofrenda para los santos", o sea, la benevolencia para los hermanos pobres en Jerusalén. La iglesia que gasta toda su colecta en sí misma es una iglesia egoísta. Las iglesias egoístas no prosperan. Hay que mirar por las demás iglesias y por la comunidad en general. La ofrenda debe glorificar a Dios, no hacer monumentos para glorificar a un ministro. Cada hermano debe participar en la ofrenda de la iglesia para que sea la ofrenda de todos.

M. La ofrenda de la iglesia debe ser preventiva ("para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas" 1 Cor. 16:2). Debemos ser generosos con nuestra ofrenda y los administradores deben de ser conservadores con su distribución para que nunca suceda que la iglesia no pueda cooperar con una necesidad urgente.

N. Algunos hermanos ofrendan después de muerto al hacer una provisión para la iglesia en su testamento. Muchos descuidan esta parte de su administración ya que siete de cada ocho personas mueren sin testamento. Por no haber atendido a esta función, hasta la mitad de sus bienes van a pagar abogados por pelea de herederos y otra parte va al gobierno por impuestos de herencia. Sin testamento, el gobierno decide cómo repartir lo que queda. Esto es abnegar la administración.